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Sunday, November 3, 2013

Santa Maria della Concezione dei Capuccini (Roma): Cuando la muerte es fuente de inspiración

Santa Maria della Concezione dei Cappuccini, o Nuestra Señora de la Concepción de los capuchinos, es una iglesia situada en Via Veneto, Roma, encargada por el papa Urbano VIII, cuyo hermano, Antonio Barberini, era un fraile capuchino.

En ella se encuentra esta cripta: las paredes y techos de las capillas están adornados con esqueletos de monjes capuchinos, en total unos cuatro mil. Esta extraña pero imaginativa obra de arte se inició en el año 1631 y se dio por finalizada en 1870.

Se colocaron los restos de los monjes difuntos siguiendo un artístico orden y formando curiosas decoraciones. Era lugar de sepultura, pero también de oración y reflexión para los capuchinos de la comunidad.

En 1631 los frailes capuchinos dejaron el convento de san Buenaventura en el Quirinal y se trasladaron a este nuevo del que sólo quedan la Iglesia y el cementerio que está debajo, donde fueron transportados y colocados los restos de los religiosos difuntos. Los huesos fueron colocados en un cierto orden, en 5 salas, unidas entre sí por una larga galería de unos 60 metros. Restauraciones posteriores, hasta 1870, transformaron este lugar de sepultura, de oración y reflexión para los capuchinos que a él bajaban cada tarde antes de ir a descansar, en una obra de arte, tal y como ahora la podemos contemplar.

Creo que las imagenes de esta cripta deberian tambien hacernos más prudentes a la hora de juzgar las costumbres de otras culturas en relación a sus prácticas funerarias.



Tuesday, October 15, 2013

LA CRIPTA DE LOS CAPUCHINOS EN BRNO (República Checa)

En Brno, capital de Moravia del Sur y la segunda ciudad más poblada de la República Checa, se encuentra la Cripta de los Capuchinos, ubicada en los sótanos de la iglesia de un antiguo monasterio capuchino fundado a mediados del siglo XVII.

Junto a los restos de los frailes capuchinos están los de los protectores del monasterio y de importantes personalidades de la época en ataúdes con cubiertas de cristal.

El sistema de ventilación de estas salas con aire frío hizo que el secado de los cuerpos fuera muy lento. Los cuerpos se fueron momificando de forma natural, manteniendo la fisonomía original del fallecido. También se conservan las vestimentas originales.

El emperador José II prohibió los entierros en la ciudad en 1787, acabando con esta práctica. En aquella época los cuerpos estaban depositados en ataúdes en la nave principal de la iglesia. Con las sucesivas reformas en el monasterio, los cuerpos fueron cambiando de ubicación hasta la actual.

En 1998 se abrió el acceso directo a la Cripta de los Capuchinos por una puerta lateral de la fachada principal de la iglesia.







Fuente: José Luis Sarralde, http://guias-viajar.com

Vaya par de gemelos!


En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:
- ¿Tú crees en la vida después del parto?
- Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.
- ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?
- No lo sé pero seguramente... habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
- ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
- Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
- Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
- Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
- ¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella ahora?
- ¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
- ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.
- Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?... Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella...

Tuesday, October 1, 2013

Manos que oran, de Alberto Durero






















     Uno de los cuadros mas famosos de Alberto Durero es el llamado “Manos que oran”. Detras de este cuadro hay una historia preciosa.
     Pertenecia el pintor a una familia numerosa, dieciocho hermanos. Su padre trabajaba en unas minas de oro, cerca de Nuremberg, como orfebre y en todo lo que podia. Dos de los hermanos, Alberto y otro, sentian gran aficion por el arte. Pero sabian que su familia no podia costear los estudios de ninguno.
     Despues de hablar muchas veces de sus ilusiones, un domingo, al salir de la Iglesia, decidieron echar al aire una moneda a ver a cual de los dos le tocaba la suerte. El afortunado iria a Nuremberg a estudiar y el otro a trabajar a las minas para costearle los gastos. Y cuando aquel acabase sus estudios, con su trabajo de artista, le pagaria al otro para que estudiase. La suerte cayo sobre Alberto.
     Pronto destaco. Despues de algun tiempo ya sus obras se vendian y a buen precio.
     Al acabar, cuatro años de preparacion, volvio a su casa y celebraron un festejo familiar. Al final, Alberto brindo por su hermano y le dijo:
     — Tu me has pagado a mi. Ahora ve tu a la Academia, que yo me hago cargo de tus gastos.
     — No, hermano —respondio el aludido—. Mira mis manos: el duro trabajo en la mina durante cuatro años las ha deformado. Ya no sirven para el arte. Para mi... ya es tarde.
     Alberto Durero, como homenaje a aquel hermano suyo, plasmo en el lienzo sus manos maltratadas: manos huesudas, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo.
     Como titulo al cuadro puso, simplemente, “Manos”. Pero la gente, ante la fuerza de aquellas manos, le completo el nombre y le llamo “Manos que oran”.

Fuente:
Orar con una sonria diaria
Agustin Filgueiras, Bilbao 2004.

¿Sin brazos, sin piernas y sin dolores de cabeza?

TESTIMONIO: Mario Capecchi, Nobel de medicina

Algunas personas explican su amargura a través del dolor, la separación, la injusticia y las adversidades que han padecido. Otras personas, sin embargo, no se explican a sí mismas sin el dolor, la separación, la injusticia y las adversidades que han padecido.